Mes: agosto 2015

¿Para qué quiero un día con veinticuatro horas?

Para qué quiero un día con veinticuatro horas de duración si mis actividades requieren treinta y dos horas.

Según el esquema natural o actual, son ocho horas recomendadas de sueño; por lo cual nos quedan dieciséis horas para otras actividades. Si uno es un producto del sistema, quiero decir: asalariado, debe trabajar ocho horas diarias, nos restan ocho más. Falta considerar el tiempo de traslado del trabajo al dormitorio y viceversa. Supóngase, si bien nos va, que se hacen dos horas de recorrido de ida y vuelta. En teoría, quedan seis horas “libres”, pero imagínese si en el supuesto ejemplo, la carga de trabajo le imposibilita 
retirarse a su hora exacta de salida, prolongándose ésta hasta por una hora más (no cobrada, por cierto).

Según la cuenta, nos sobran cinco horas, menos una hora en promedio que nos toma arreglarnos para salir al trabajo, quedan cuatro horas.

Ahora bien, le quedan cuatro horas a tu día. ¿Qué deseas hacer? ¿Invertirlas en una actividad personal, continuar con un crecimiento profesional o simplemente dejarlas pasar?

En mi caso, decidí tomar como segunda carrera, la licenciatura de historia en el sistema escolarizado con cuatro horas diarias de duración. Allí se fueron las últimas cuatro horas que le quedaban a mi día.

Pero eso no es todo. Faltan las tres horas de ida y vuelta. Son -3 y ¿cuántas horas cree usted que debamos aplicarle a las tareas y lecturas para un aprendizaje cognitivo efectivo? ¿Tres? ¿Cuatro?
Nos quedan -7.

Ahora si, por último me tomaré una hora más en lo que reflexiono mi actividad de todo el día o pienso (como regularmente lo hago) en pendejadas existenciales.

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