Mes: diciembre 2014

este soy yo.

este soy yo intentando prender fuego,
haciendo llover mientras lo intento.
este soy gritándole a mi sombra que no me deje.
este soy yo, temblando.

soy yo el que te ha ahuyentado,
el que muere por ti y tu boca.
soy el que le roba palabras a la noche,
el que abusa del ron y la memoria.
este soy yo, culpable.

soy y siempre he sido el que huye,
el que teme a los espejos y a las fotografías,
el que duerme solo y hace llamadas a deshoras.
soy yo el que no responde.

este soy, el que sobrevive a su ausencia,
el que se suicidó de niño.
soy el que vota, el que cumple, el que saluda
soy el que mienta madres al volante.
este soy yo, perdido.

este soy, cubierto de ropa, de piel, de mugre,
relleno de tripas, de sangre, de ausencias.
soy yo naufragando, renaciendo, conquistando.
soy el que tú conoces, el que nadie ha visto.
este soy, y también no soy este.
soy tan poco y soy todo lo que tengo,
soy manos vacías, cartera vacía, cama vacía;
soy necedades, cobardía, indecencias.
soy todo tacto, corazón y oídos,
y soy para ti, quien quiera que tú seas.

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Podría seguir escribiendo…

Árboles de navidad por todos lados como si se multiplicasen entre sí tanto en las plazas como en las casas. Luces parpadeantes intermitentes o en carrusel, con o sin música. Copos y muñecos de nieve de todas las formas como también nacimientos. Letreros deseando felices fiestas y un prospero año nuevo.

Todo esto me es tan vacío, sin ti.

Sin ti, sólo puedo ver plástico y cartón impreso, caras extasiadas por malgastarse sus ahorros en productos que terminarán en la basura más rápido que en lo que llega el año próximo.

Dime a quién le voy a decir cada día que es navidad hasta que llegue el día. A quién voy a abrazar mientras compartimos del panorama, o que mano voy a tomar mientras la música suena. Me surgen tantas dudas, pero la que primero me viene en mente es la siguiente; ¿Aún conservas tu suéter rosa? Recuerdo lo bien que lo lucías.

Todo me es tan ajeno e insípido.

Sí algo te puedo decir, es que he practicado en los últimos meses en colocar el nacimiento y adornarlo como sólo a ti te gusta; prometo esta vez no poner en las manos de tu pastorcito, una pizza.

Podría seguir escribiendo, pero sólo te diré que todo esto me es tan vacío sin ti.

“Puede que haya emigrado, pero las huellas de éste lobo estepario aún con relieve se encuentran. “

Y así fue…

Me prometí no volver a escribir aquí, el único lugar donde me sentía cómodo  que aunque no goza de muchos lectores, mi vanidad me hacía no dejar rastros de mi; como un lobo de estepa, solitario y peligroso para otras especies.

Es inútil cuestionarse los por qués, más inútil cuando uno los provoca.

La reacción es una inevitable consecuencia de nuestros actos, y de nada sirve pensar mucho las cosas, si se lástima a quienes más nos aman.

Lentemamte se van borrando mis huellas. Cubriendose con hojas ocre y quebradizas, hasta que la primavera vuelta a surgir y éstas se continúen enterrando hasta converger.

Pero de algo estoy seguro, querido lector, que las huellas de este lobo, un servidor, por más grises, profundas e ilegibles que parezcan o por más que siga pasando el tiempo; es posible que se vayan difuminando hasta hacernos creer que desaparecen, sin embargo, jamás se podrán desprender de la corteza donde habitan.

Y pueden pasar los diez de cada mes, en donde el lobo toma agua para beber. Y puede llegar el último mes del año para recordar con ahínco lo hermoso que fue, cuando éste lobo miró su reflejo. O felicitandosé cada día por la navidad. Y hasta puede que haya olvidado su natalicio para invertir el orden numérico. Puede que haya emigrado, pero las huellas de éste lobo estepario aún con relieve se encuentran.

[“El autor de ésta entrada, se identifica mucho con la obra de Hermann Hesse; El lobo estepario”.]