Pendejo no soy y menos de nadie.

Las dimensiones de la cama en donde duermo, es para dos personas. Siempre duermo la orilla de la derecha mientras que el espacio vacío me hace recordar mi soledad o mi falta de madurez, como ella dice. 

Hay días en los que olvido como respirar. Mi pensamiento ausente de recuerdos y olvido lo aprendido.
El reflejo de mi rostro no me es familiar como tampoco el sonido de mi voz.
Tan sólo miro el pasar del tiempo, acompañado del caminar del transeúnte.
Me siento ajeno entre costumbres monótonas con deseos materiales.

Compro el periódico para leer los encabezados para después pasar página por página, tratando de entender la fecha impresa. Secciones como Economía, Política o Nacionales ya no provocan ni curiosidad en mi. “No se llegará al crecimiento previsto para 2015”, “más impuestos”, “enriquecimiento ilícito”, “baja de empleo”, “sube la gasolina”, “la violencia e inseguridad aumenta”; son los mismos encabezados de la última década. ¡Ya me los sé!

Hay  momentos en que desearía tener la felicidad del ignorante. Véase como aquél que ignora su realidad  y mira todo con optimismo sin observar el mundo tan desigual, mentiroso y falso en el que vivimos.  Lugar donde las apariencias valen más que la razón. Dejándose llevar por modas, tendencias, redes sociales; cotidianidad.

Ella me dice que deje de echarle la culpa a las personas o al sistema. Mi psiquiatra opina la mismo; que no puedes cambiar al mundo, y si quiero hacerlo, sólo puedo hacerlo conmigo.

 

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