Son diez para las diez de la mañana

Son diez para las diez de la mañana, voy en el bus camino a casa. Miro a mi al rededor los rostros de las personas. La mujer castaña con fleco y gafas negras, llama por su teléfono celular, el hombre a su costado escucha música mientras me mira escribiendo. El hombre de mi derecha luce nervioso por algo y el de mi izquierda luce indiferente. Hay otra mujer frente a mi. Me llamó la atención que esté leyendo Harry Potter y la piedra filosofal en italiano.

¿Qué tienen en común estas personas conmigo?

Nada tienen en común conmigo.

 

Son diez para las diez de la noche, llevo más de cinco minutos preguntándome si prepararme una taza de café o no. Sé que no será sólo una, ¿y por qué lo sé? Porque me conozco. ¿Cuánto me conozco? La respuesta a esa pregunta ya la olvidé. Mercedes Sosa menciona en una canción, que todo cambia. ¡Cuánta razón! Nada vuelve a ser como lo era en un principio. Los días nunca vuelven a ser los mismos, ni los recuerdos.Recuerdo que una ocasión me dijiste que el poder como tal, no es malo. El problema somos los humanos, al corromper el poder. Es una de las muchas cosas que no puedo olvidar de ti.

Sembré una idea hermosa que yo mismo corrompí. Cual plaga, lastimando a todas las personas a mí alrededor. Personas de buenos sentimientos, que no tenían que resultar afectados. Mi egoísmo se encargó de destruir todo a su paso, incluyendo claro está, a la confianza que me habían confiado. Mis disculpas llegaron muy tarde seguido del arrepentimiento y soledad. Desconozco si sea karma pero estoy afrontando las consecuencias de mis acciones.

Recientemente me cuestionan por qué no tengo cuenta en Facebook o redes sociales y más tardan en creerse lo que consideran, a conocer la verdad, la única respuesta correcta que muchas personas sorprendidas, apurarían su paso para huir y es que me declaro un peligro en socializar, más aún por internet.  Además de servirme como ejemplo, donde puedo constatar que Facebook es un medidor de popularidad, me explico, hace unos días paso mi cumpleaños y no es novedad que sólo mis familiares más cercanos y las únicas personas contadas que me demuestran cuando dicen: te quiero, se acordaron sin la necesidad de un recordatorio en dicha página en internet. Tengo que admitirlo, no soy popular por más de los trescientos amigos que allí frecuentaba. Digamos que como segundo ejercicio, el haber depurado contactos en mi celular, me hicieron ver mi realidad con un promedio de 70 contactos.

Sólo dos personas importantes estuvieron conmigo el día de mi cumpleaños, tú y mi padre. Con este último tengo una relación muy poco convencional, pero guardo con mucha añoranza los buenos recuerdos que compartimos; como lo que me dijo: “yo soy el único amigo verdadero que podrás tener”. Y con eso me basta.  Contigo disfruté de un delicioso desayuno en ese lugar que tanto nos gusta, difícilmente  olvidaré lo mucho que estabas desvelada y el compromiso que por la tarde tendrías. No solía hacer cosas tan memorables para recordar un cumpleaños versus al año anterior, a excepción de lo que hicimos el año pasado y la obra que juntos vimos.

 

Es muy difícil romper viejos hábitos, tendencias y costumbres. Dejar de preocuparme por ti no podré, como tampoco podré quitarme estas malditas ganas de hacer lo que no hice. Cuando me conociste decías que yo era tu extraño favorito y como dice Mercedes Sosa “(…y así como todo cambia que yo cambie no es extraño…)”.

 

 

 

 

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