Mes: octubre 2013

Se Compra y Se Vende

No podría tener el número exacto en las que vi mi película favorita de Disney Pixar, Toy Story, aunque sí sé que fueron muchas para haber logrado aprenderme los diálogos. Era todo un rito ver la película completa, desde introducir el casete VHS a la videocasetera, reproducirlo desde el principio con todo y su publicidad donde conocí la existencia de un lugar llamado: Disneylandia y algunas de sus atracciones más exitosas que iban desde todo tipo de juegos mecánicos, hasta árboles mágicos y un ambiente lleno de fantasía. Siempre quise ir ahí.

Fue a finales de los años 80’s cuando salió la primera película de lo que sería la trilogía de Spielberg sobre viajes en el tiempo con tan sólo un automóvil modificado y cargas de plutonio. La primera vez que las vi, fueron reproducidas en televisión abierta -canal 5- , yo era pre-adolescente y muy seguramente después de haber quedado maravillado con McFly, el Doc Emmet Brown y la maquina del tiempo con todo y sus viajes al pasado como al futuro, siempre quise esa tabla para patinar mattel, que podía levitar.

Podría seguir con la lista de cosas que me he idealizado con tener durante toda mi vida. Desde juguetes, hasta viajes, gadgets, artículos personales, ropa, coches, casas, hasta un interminable etcétera. 

¿Por qué?
Porque esta sociedad me ha enseñado que no vales por lo que eres, sino por lo que tienes.

Pensemos al día cuántas veces mencionamos la palabra: quiero.

Es claro que en este juego, muchos factores pueden intervenir, como las clases sociales y su poder adquisitivo, hasta las necesidades más básicas. Pienso que no importa cuánto se tiene, sino cuánto se quiere algo por conseguir; es aquí donde entra el dinero – materializado por el poder-. Siendo un vil engaño el creer que las personas viven en busca de la felicidad; quedando como sus únicas prioridades, dinero y poder.

Porque de felicidad no se alimenta a una familia de cuatro integrantes, ni mucho menos se soluciona el hambre. El dinero es intangible, invisible e inexistente que sólo sirve para clasificar la raza humana como también los bienes y servicios que éstos pueden disfrutar. Es dividir, sin importar que una persona de clase baja trabaje toda su vida, jamás podrá tener al alcance comodidad y tranquilidad económica que una persona de clase alta pueda tener. 

El principio de esta vida es simple, todo se compra y se vende.

Si consideramos que sólo vales por cuánto tienes y no por cómo lo has obtenido. No importa la moral ni el esfuerzo. Hay quienes ganan más vendiendo estupefacientes o matando a sueldo, engañando, secuestrando o extorsionando. Tampoco importa que partido político se represente, si éste te puede llevar a una clase social más alta.

Y cuando de salud se trata ¿El cáncer respeta posición económica o jerarquías?
Desde luego que no. La diferencia es quienes pueden tratarla (pagar) para así salvar su vida.

Piénsalo… ¿Y tú, cuánto quieres (tienes)?

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