Mes: agosto 2013

¿Lo hecho en México, está bien hecho?

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Pareciesen carreras por llegar a un sitio a la misma hora pero no, son solo los millones de mexicanos que regresan a casa después de una agotadora jornada de trabajo.

Hoy no hay fútbol, por lo que no hay razón para saludarnos o estar felices. El transporte colectivo metro (subway), es el medio más usado por los mexicanos para llegar a su destino. Lugar donde nos encontramos con dos particularidades, la primera es observar cómo gran parte de los hombres marcan su territorio. ¿Cómo será eso posible? Sencillo, abriendo las piernas de más, en un grado aproximado de 45°. Incomodando a las personas de los costados. Mientras la segunda es, rozar el hombro y no disculparse, dando lugar a un enfrentamiento intimidatorio de miradas hostiles, donde en muchos casos  terminan en enfrentamientos violentos.
Saliendo del vagón (tren), dirigiéndote a la salida una vez llegando a tu destino, debes caminar con la mirada al piso, pues es necesario esquivar los escupitajos cual campo minado.
Las mujeres con vestimenta corta son objeto lastimoso, de las miradas sin disimulo que lanzan.hacia ellas, siendo ocaso de acoso sexual. Y los policías… bueh, ellos no tienen la culpa. Digamos que son una gran pared que les pagan por vigilar que los ciudadanos paguen su viaje y no se pasen por debajo de los.torniquetes. Porque si se requieren de primeros auxilios o hay una riña o te asaltan dentro del vagón, éstas personas no están calificadas para brindar atención….
Mucho menos, seguridad.
No, no sólo las mujeres son las más perjudicadas, pues los ancianos e invidentes suelen pasarla peor.
Carecen de lugares que faciliten su acceso, además de tolerar las faltas de respeto las cuales son víctimas.
En mi querido metro, la gente entra como animales queriendo ganar un asiento, sin importar nada y salen con una torpeza sinigual. Las señales de prohibido fumar las encuentras por doquier, pero si reportas una acción de éstas, hacen caso omiso.
El metro es la novedad para los extranjeros, en cada estación hay algo nuevo y diferente por ver; si no venden música, ofrecen documentales de las cárceles de México y narcotráfico, si no venden productos de higiene personal, las personas con tumores o males expuestos te mendigan dinero.
He visto gente drogándose como haciendo de sus necesidades a la vista.

Ah, pero qué criticón soy.
¿Por qué sólo veo las deficiencias de un país que vela por mis interés y seguridad?
¿Por qué me molesto del finísimo gusto musical del chofer que además hace carreras- para ganar más pasaje- poniendo en riesgo mi integridad?
Carajo, que jodón soy con el empleado del metro (al que le pagan por revisar las 5 cámaras de seguridad), cuando en horas de trabajo, está leyendo tranquilamente su periódico.
Estoy convencido y la historia me lo recuerda cada vez que pienso olvidarlo, México es un país masoquista, gusta de la explotación, influyentismo, mal trato y vive de la ignorancia. Los mexicanos pelean contra sí mismos en lugar ..
De enfrentar al mal gobierno.
Es un país donde su gente discrimina, el egoísmo está a la orden del día y donde un grupo de “maestros” puede hacer marchas, plantones y dejar sin clases a millones de alumnos, porque quieren calificar su rendimiento.

Mexicano, cuando conozcas tu verdadera historia -y no la que te contaron- exigirás democracia, algo que hasta ahora, nunca has conocido.

 

Los mexicanos están contentos con comer desordenadamente antojitos, levantarse tarde, ser empleados públicos con padrinos de influencia, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo, divertirse sin cesar, gastar más de lo que ganan y endrogarse para hacer fiestas onomásticas. Los padres de familia que tienen muchos hijos son los más fieles servidores del gobierno, por su miedo a la miseria; a eso es a lo que tienen miedo los mexicanos de las clases directivas: a la miseria, no a la opresión, no al servilismo, no a la tiranía; a la falta de pan, de casa y de vestido, y a la dura necesidad de no comer o no sacrificar su pereza.
Porfirio Diaz