May God bless and keep you always

Fija su mirada hacia mi rostro y me regala una sonrisa como ninguna mujer lo había hecho antes, me hace una caricia con sus manos jóvenes pero arrugadas por el uso de detergentes. Ella cuidaba de mí con todo el amor que una madre pudiese dar, pero ella no era mi madre, era mi nana. Recogía los juguetes que yo dejaba por doquier, me cambiaba los pañales y en ocasiones me daba de comer. Después de un tiempo, se iba por las tardes  y regresaba cada dos días.

Juro que le extrañaba.

Conforme el paso del tiempo y las circunstancias que se venían dando, ella se turnaba en la casa de mi padre por unos días para después estar de nuevo con nosotros, en casa de mis abuelos. Siento vergüenza por no recordar ni siquiera sus apellidos. ¿Habrá tenido un segundo nombre? No lo sé o mejor dicho, nunca lo sabré. Ella ya no estará nunca más y me duele saber que no le pude agradecer. Treinta y tantos tenía tal vez, cuando nos conocimos. Mary era su nombre, mujer de tez morena, cabello negro abultado, complexión media, pecas en la cara, su singular sonrisa y un alma sin igual.

En México le conocen como trabajadoras domésticas, no hay duda que es la nueva esclavitud del siglo XXI; dicen que la gente hace todo por necesidad.

Ella me veía crecer mientras yo, le seguía viendo lavar la ropa, fregar los pisos y el deterioro de su salud. Cuando yo tenía 10 años le invitamos a mi comunión, con gusto accedió a asistir, llevando consigo a su hija. Desde entonces yo desconocía que Fabiola era la hija de 15 años que ella tenía, a decir verdad yo desconocía su vida. No recuerdo haberle preguntado nada, no recuerdo haberme interesado por nada. Yo era frío y distante, además de haberle ocasionado muchos corajes, de más grande.  Amenazaba con acusarme con mi madre.

–          Seré bueno, me portaré bien.- le decía.

Le llevábamos rosca de reyes para que la partiera con su familia, pero cada vez nos hacíamos más distantes. Nunca conocí su casa, no me importó saber cómo era su pueblo natal, Oaxaca. Los recuerdos que tengo con ella, brincan uno tras otro sin poder escoger uno en concreto. Siempre sentí su cariño y aunque sus labores domésticos eran la razón para que nos siguiéramos viendo, siempre supe que iba con mucho gusto a verme. Hace un año que esa gran mujer de la que hablo, dejó de existir y es apenas que me entero de tan desgarradora noticia. El tiempo se ha ido, no pude darle las gracias por todo lo que hizo por mí. Decirle cuán importante es y que siempre la recordaré con tanto ahínco como mí nana.

Que En paz descanses, nana querida.

 

Título de ésta entrada inspirada por
Autor: Bob Dylan
Álbum: Planet Waves
Año: 1974
Origen: Minnesota, Estados Unidos

Planet+Waves+Bob+Dylan

 

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