Yo por eso me quejo y me quejo…

Hace casi una semana tuve una de aquellas conversaciones con mi mejor amigo de las cuales no importa si estás sentado o parado, fumando o bebiendo, mirando u observando porque al final sólo estás escuchando. Nuestra platica fue de menos a más, donde le hice saber muchas cosas. En parte, como respuesta muy sutilmente expondré el tema que nos cae como cubo de agua helada.

“En ésta sociedad, la doble moral es la puta por excelencia, se prostituye con todos y para todos”.

Innumerables personas me han platicado como era México hace cincuenta años; mientras paso saliva con algo de esfuerzo tratando de recrear lo anterior aunado las dos décadas y un poco más presenciadas por mi para así poder mediar el contraste que el resultado arroja, porque lamentablemente no es problema único de países en vías de desarrollo, sino de una tendencia catastrófica con un déficit exponencial de igual o peor magnitud de manera mundial incluyendo potencias. La sociedad como se conocía (específicamente en México), se ha venido fraccionando hasta llegar al punto en el cual hoy nos encontramos a lo que podríamos llamar como una descomposición o putrefacción avanzada in crescendo donde los cambios generacionales van estigmatizando contiguamente, despojando mediáticamente siendo arrinconadas las muestras de civismo y respeto; quedando monstruosamente marginado nuestro entorno.

El tema cultural es vital aunque de ninguna manera es justificable con las acciones expuestas más adelante pues en el tiempo que hago referencia (medio siglo), el nivel de Analfabetismo rebasaba la media; “era un lujo saber leer y escribir ni se imaginé lo que era terminar la secundaria”, dicen. Sin embargo su falta de preparación académica no tenía relación conductual alguna ya que se relacionaban todos entre sí con una amabilidad tan vital y respetuosa,  creando un ambiente cálido lleno de cordialidad, incesante gentileza con un mensaje claro de ayudar a todo aquél que necesitase de ayuda. Hoy en día, nada es como ayer, las áreas verdes se convirtieron en lugares donde la gente asiste cinco días a la semana y oprimen teclas al unísono, las risas de los niños cesaron por la sinfonía del claxon en el tráfico exasperante, el televisor sustituyó aquellas conversaciones familiares a la hora de la comida, “bien/gracias” se convirtió en una sola palabra que respondemos por costumbre cuando alguien saluda. Hasta me quitaron el gusto de rencontrarme con una persona que tiempo atrás veía, gracias a Facebook. Ya no hay mentes dóciles, olvidaron como es ser niño y divertirse jugando. Las buenas costumbres, pedir perdón, permiso para pasar, saludar a gente desconocida.

Dice Lilia Merodio;
“Un misántropo es alguien que tiene especial repulsión por el ser humano; no le podemos llamar fobia porque no es un temor como es el pánico a las alturas o a los lugares cerrados. Es más complejo, los filósofos se han ocupado de definirla y los psicólogos de analizarla; ambos hacen distinciones de otras conductas con rasgos semejantes; como el pesimismo de los existencialistas. Sobre la misantropía Schopenhauer decía que la existencia humana es una especie de error, pero era condescendiente hacia ella pues finalmente todos la padecemos. Kant aseguraba que nada bueno se puede esperar de la naturaleza tortuosa de la humanidad; Séneca, contemporáneo de Jesucristo, dijo que se había vuelto más egoísta, apasionado, cruel e inhumano porque estuvo entre los hombres. “Nietzsche, en Así hablaba Zaratustra, menciona que así como el mono provoca la risa de los hombres, el hombre es motivo de vergüenza dolorosa para el ‘superhombre’. No te quiero contar qué decía Sartre porque corremos el riesgo de arrojarnos al vacío. Pero con quien más estoy de acuerdo es con Ortega y Gasset; para él, la ‘costumbre de hablar a la humanidad, que es la forma más sublime y, por lo tanto, más despreciable de la democracia, fue adoptada por intelectuales descarriados, ignorantes de sus propios límites; y que siendo por su oficio los hombres del decir, del logos, han usado de él sin respeto ni precauciones, sin darse cuenta de que la palabra es un sacramento de muy delicada administración’.

 

EGOÍSMO, Un día en México

Cada mañana para dirigirme al trabajo debo tomar dos camiones y el transporte colectivo metro.

No logro entender la siguiente escena cuando subo al cambión (bus), pese a estar desocupados los lugares, todos se sientan en una banca vacía del lado del pasillo; (aproximadamente hay ocho bancas con capacidad para dos personas cada una y al fondo una barra con capacidad de cuatro o cinco.) Y si llegas a pedir permiso para poder sentarte del lado de la ventana, mismo espacio vacío de la banca, recibes una cara de desprecio y ligeramente se menea para que puedas pasar.

Una vez dentro en el Metro (subway), espero al vagón para asimilar la segunda escena donde todos se empujan para llegar a sus determinados destinos, mientras se arrejuntan calculando cual será una de las puertas del vagón que se abrirá, una vez estacionado el transporte, se puede apreciar la histeria colectiva, queriendo entrar todos a la vez con la misión de ganar un asiento para poderse sentar. No importa si una mujer ya sea grande o embarazada se queda parada, porque mi egoísmo me acobija en su manto de la desfachatez, durmiendo plácidamente en un asiento de poliuretano, tampoco importa considerar que el tiempo promedio que nos mantenemos sentados en un día, es más de ocho horas. Quince estaciones son las que debo tomar para llegar a mi destino, me tomaré el atrevimiento de segmentar el viaje en dos partes, la primera parte se encuentra la zona de fabricas e industrias mientras que la segunda parte, la zona de corporativos y conglomerados. El tiempo promedio que hago en dicha travesía diaria es de treinta minutos, de los cuales puedo apreciar tantas cosas en un viaje, por ejemplo la convivencia entre el obrero (véase como persona que tiene por oficio hacer un trabajo manual o esfuerzo físico y que es empleada por otra persona, especialmente en una industria o en el sector de la construcción y recibe remuneración por ello) con el/la profesionista (véase como aquella persona que puede ofrecer un servicio o elaborar un bien, garantizando el resultado con un reconocimiento de grado universitario, técnico o experto en cierto tema, disciplina o arte).

No se deja esperar la mirada libidinosa hacía la mujer que lleva falda, traspasándola con una mirada intimidante, penetrante y retadora en la que algunos cuantos acompañan con frases antiquísimas de muy mal gusto, el hecho es que varias de las mujeres tienen que soportar dichas actitudes porqué no hay con quien recurrir. Ya que se cansó de ver a la mujer en turno, continúa platicando con su acompañante quién hace llamar “pareja”, con uso ilimitado de palabras altisonantes aunado a su lenguaje soez sin importar las mujeres presentes.  Una cosa, se debe tener cuidado de no tocar absolutamente a nadie pues si la punta del zapato roza con la de otro usuario, éste te regresa una mirada retadora. Como también se debe saber interpretar señales pues cuando alguien quiere pasar, basta con que te vea para que su mirada te comunique que él va a pasar. Aunque no me crean, desconozco el motivo por el cual no logran articular palabras pidiendo permiso para pasar.

Al llegar, se debe fijar bien uno dónde pisa, no sea que pueda encontrarse con un escupitajo o gargajo por lo que podría hacerse alusión a campo de minado alguno, teniendo que maniobrar los pies pasando los obstáculos, entonces se vuelve a arrinconar la gente para subir por las escaleras eléctricas. Paso final, se pueden apreciar dos filas para tomar el bus que me terminará por dejar a mi destino como a muchas personas más y uno que otro obrero.  Dos es el número de filas que hacen la primera (y más larga), es para todos aquellos que gustan de viajar sentados mientras que la otra por su parte es para los que llevan prisa y urge abordar el bus. El tiempo estimado de espera oscila entre los 7 y 15 minutos si es que no llegan los obreros que se meten y hacen una tercera fila, la cual acomodan entre la primera y segunda. No importa cuántas personas se metan, nadie dirá nada y me consta.

Ahí mismo en el bus puede repetirse varias veces la miradilla pervertida hacia escotes y piernas con hostigamiento sexual. Mientras ya puede comenzar a deleitarse uno con “la sinfonía de la bocina.”

Al llegar a mi destino, observo como “El tony” tira su vaso de atole por la calle, mientras que “María” le mienta la madre a “José”. María no recordaba que José le dio catecismo cuando ella tenía nueve años. “Chuchito” le avienta el coche a “Manuel” y el a su vez patea el cofre en contra respuesta. Sólo que Chuchito no sabía que Manuel era el primo del mejor amigo que tuvo que falleció semanas antes en la fiesta de “Fernanda”, misma que le grita “Pendejo” a “Ramón”, sin saber que ramón fue su maestro de civismo en 5to de primaria y “Ramón” que le dio clases de civismo a tus alumnos venía preocupado por el golpe que le dio al carro de “Chuchito” y por escapar no pudo ver cuando “Fernanda” viraba a la izquierda.

El problema no es que hayan olvidado que se conocían, porque si supieran que se conocían hubieran actuado de otra manera… ¿A qué otra manera me podría referir?

 

“… porque aquí es donde vivo y yo ya no soy un pendejo
el que no wachas, los puestos del gobierno,
hay personas que se están enriqueciendo.
Gente que vive en la pobreza,
nadie hace nada porque a nadie le interesa…”

El producto interno bruto “PIB”, es una medida macroeconómica para medir la producción normalmente anual de un país. Se dice que México requiere un crecimiento del 6% anual para tener una buena economía, pero durante el último sexenio apenas si pasó del 2%. (Y el candidato del PRI propone un 3%, pero eso lo dejamos para después.) En materia de educación se destinó este año el 0.62%; cuando lo deseable sería invertir por lo menos el 1%. En el caso de ciencia y tecnología la inversión en el 2011 fue de 0.34% y para el 2012 fue de 0.36%.

Título de ésta entrada inspirada por
Autor: Molotov
Álbum: ¿Dónde jugarán las niñas?
Año: 1997
Origen: Ciudad de México, México

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4 comments

  1. Cambiar es, tal vez, la cosa más difícil a la que un ser humano se puede enfrentar, pero no imposible. Esperar que los demás cambien es absurdo si uno mismo no lo hace.

  2. Tsss… Creo que a todos nos falta aprender a convivir, darnos cuenta que todos necesitamos de todos y más aun que todos estamos conectados como bien ejemplificas. Al igual que tu no creo que sea problema de educación (educación letras, números, ciencias….) la cosa es un problema de egoísmo, nos falta sensibilidad. El punto aquí es que ya vimos que hay un problema, quejarse y quejarse es el primer paso para empezar a cambiarlo y OBVIO el ejemplo por delante. 😉

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